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Basílica - Parroquia
Nuestra Señora de Atocha

Parroquia

La Basílica de Ntra. Sra. de Atocha fue encomendada a los dominicos en 1523, y desde entonces se han hecho cargo del culto a la Virgen, casi de manera continuada, a excepción de los periodos en que tuvieron que salir, forzados por la invasión francesa, la desamortización y la guerra civil. Los primeros siglos atendían las numerosas celebraciones que tenían lugar en la Basílica, pero no celebraban sacramentos que estaban asignados a las parroquias como eran los matrimonios (salvo excepciones), bautizos, comuniones o confirmaciones.

Hasta el siglo XIX, el templo de Atocha no fue sede de una parroquia. En ese siglo, desde 1878 al 1888, cuando los dominicos habían sido expulsados por la desamortización, se convirtió en sede de la Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias.

Los dominicos, a su vuelta en 1924, siguieron encargándose de las celebraciones de la Basílica y del culto a la Virgen. Fue en 1965, cuando la Basílica se erige como Parroquia propia con el título de Nuestra Señora de Atocha. Fue ese año cuando el arzobispo de Madrid Monseñor D. Casimiro Morcillo, movido por un deseo de renovación de la diócesis madrileña para adecuarla a las exigencias del Concilio Vaticano II, erigió un total de 216 parroquias, muchas de ellas encomendadas a religiosos, entre ellas la de Atocha que dejó en manos de los frailes dominicos.

La Basílica de Atocha fue erigida Parroquia canónicamente en 1965, aunque la inauguración oficial de la Parroquia tuvo lugar el 4 de febrero del año siguiente, 1966.

En los 50 años de historia, ocho dominicos han sido los párrocos: fr. Jacinto Hoyos (1966-68); fr. Pedro Serrano (1968-71); fr. Santiago Pirallo (1971-73); fr. Carlos Oloriz (1973); fr. Arsenio Gutiérrez; fr. Francisco Mª Pérez Arcos (1987-90); fr. Teodoro Tamayo (1990-96); fr. José Antonio Álvarez (1996-actualidad).

50 años parroquia atocha

La parroquia hoy

La parroquia está atendida por un equipo parroquial de frailes dominicos formado por el párroco y tres vicarios. Otros frailes de la comunidad, que responsabilidades en otros ámbitos de misión ajenos a la parroquia, colaboran en algunas celebraciones.

La parroquia acoge los momentos más importantes de la vida de muchos católicos: el nacimiento (71 bautizos el año 2015); la niñez (134 primeras comuniones en 2015); la juventud (10 confirmaciones); el matrimonio (50 bodas); la muerte (116 funerales en 2015). Cristianos que viven en el territorio parroquial, pero también personas que estudiaron en el colegio de Atocha, o familias de todo Madrid que tienen devoción a la Virgen. Cientos de personas, además, acuden a diario y cada domingo a celebrar la Eucaristía como centro de su vida cristiana.

La parroquia es un espacio para crecer y profundizar en la fe. Muchos niños y jóvenes se preparan en los distintos niveles de catequesis: para la primera comunión, postcomunión y confirmación.

La parroquia es un lugar de fraternidad y evangelización. Las comunidades de reflexión cristiana son espacios de formación, de oración, de fraternidad y evangelización. En total son 12 comunidades, con personas de todas las edades, que se reúnen en torno a la Palabra, y comparten vida y fe. De estos grupos proceden la mayor parte de los 42 catequistas que transmiten la fe y preparan a los jóvenes que vienen por detrás.

La atención a los más necesitados no puede faltar en un comunidad cristiana. Muchas familias son atendidas por Cáritas a lo largo del año, recibiendo asesoramiento, acompañamiento y ayuda material. La generosidad que siempre ha caracterizado a la comunidad parroquial de Atocha hace posible esa ayuda. Además la parroquia, en colaboración con la Asociación juvenil e infantil Virgen de Atocha (Ajiva), ayuda a 220 niños y adolescentes de entre 8 y 18 años a formarse e integrarse. Los mayores también tienen lugar en la parroquia, entre otras cosas, a través del Aula cultural en la que participan 67 personas.

Un equipo parroquial de varios frailes dominicos y un buen número de laicos que integran los Consejos Pastoral y Económico se encargan de organizar y animar la vida parroquial.