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Basílica - Parroquia
Nuestra Señora de Atocha

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XXVIII Domingo de T.O.

10 de Octubre de 2020

 

«Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.»

«La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda.»

 

Salmo responsorial:
Habitaré en la casa del Señor
por años sin término

Comentario a la Palabra

El evangelista Mateo vuelve a deleitarnos con las parábolas de Jesús. Ha dedicado el capítulo 13 para proponer el discurso del Señor a base de parábolas (el sembrador, la cizaña, la mostaza, el fermento, el tesoro, la perla, la red). En el capítulo 21, con un fuerte carácter polémico, se encuentran dos parábolas (los dos hijos y los viñadores homicidas) y en el capítulo 22 leemos la parábola del banquete de bodas y la del hombre vestido indignamente, que son las que nos propone la liturgia de este domingo. Volveremos a encontrar nuevas parábolas en la conclusión del capítulo 24 (el siervo fiel) y en el capítulo 25 (las diez vírgenes y la parábola de los talentos).

No nos sorprende la pedagogía del Señor intentando proponer la realidad del Reino de los cielos, la cual es una cosa excepcional que no encuentra parangón adecuado con el mundo en que vivimos. De ahí la multiplicidad de parábolas, de comparaciones para ayudarnos a entrar en una dimensión realmente “nueva”. El mejor de los maestros, Jesucristo, se ve obligado a afrontar la realidad del Reino de los cielos desde diferentes puntos de vista para hacer comprender a los oyentes algo inaudito.

Lo que sí sorprende es la dificultad que experimentamos nosotros para sintonizar con la rica enseñanza que Jesucristo no se cansa de proponer con ejemplos y comparaciones que no tienen otra finalidad que la de ayudarnos a abrirnos y a acoger la realidad maravillosa del Reino de los cielos.

La fe es la puerta de la vida cristiana y la caridad es su culmen, porque «Dios es amor» (1 Jn 4,8.16). Pues bien, san Pablo ha sintetizado maravillosamente en qué consista la vida cristiana, con otras palabras, cuál sea «el traje de fiesta» y «el vestido de boda». Todo esto se concretiza en el amor, porque, si no tengo amor no soy nada (cf. 1 Cor 13). La caridad consiste en avanzar por el camino trazado por la fe, que se manifiesta concreta y operante mediante la caridad.

El Año Litúrgico vuela hacia su conclusión en este año de pandemia. La solemnidad de Jesucristo Rey del universo sintetiza todas las llamadas que el Señor ha ido haciendo a lo largo de los textos bíblicos de las sucesivas semanas. Poder encontrarnos todos celebrando el banquete al que todos estamos invitados por el Padre del cielo es lo que cada persona ha de tomar en consideración para disfrutar de la presencia de Dios-Trinidad en compañía de la humanidad redimida por Jesucristo, que invita a todos a sentarse con él en su Reino.

En el tiempo que nos toca vivir hemos de echar mano tanto de la fe como de la caridad, aunando en nuestra vida personal estas dos dimensiones, que son las que nos relacionan decisivamente tanto con Dios-Trinidad como con nuestro prójimo, de manera que todos seamos capaces de vivir la experiencia del «banquete de bodas», al que el Padre del cielo nos invita para celebrar la presencia salvadora de su Hijo Jesucristo, presente realmente en la Eucaristía

 
Fr.  José Mª Viejo Viejo O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)
www.dominicos.org/predicacion

 

Encíclica Fratelli Tutti  (Papa Francisco)

El intento del pontífice es impulsarnos a todos a vivir una fraternidad universal, que supere los odios y el dominio, pero también el vacío de tantos eslóganes humanitarios. Al comienzo, él dice: “Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que  la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad.” (n. 6).

El eje en torno al cual gira este reclamo a la fraternidad y a la responsabilidad es la imagen del Buen Samaritano, que se desarrolla en el capítulo segundo. Un hombre se ocupa de cuidar a una persona vulnerable de una religión distinta a la suya: pierde tiempo con él, paga en primera persona sus cuidados e incluye a los demás (al posadero), para que lo ayuden. Para el papa, este es el modelo en el que hay que inspirarse, cualquiera sea la religión o posición política a la que se pertenezca. Por experiencia, debo decir que la parábola del Buen Samaritano conmueve a muchas personas musulmanas, budistas e hindúes. Algunos amigos míos que son musulmanes y viven en Beirut se sintieron en el deber de ayudar a los cristianos cuyas casas fueron arrasadas por la explosión del puerto. Hay grupos budistas de Japón que se dedican a aliviar la soledad de los ancianos; hay personalidades hindúes que trabajan todos los días en Calcuta, junto a las hermanas de Madre Teresa (a quien papa Francisco definió como “el buen Samaritano de nuestros días”). 

Lo que el pontífice pide no es un impulso sentimental y generoso, sino una verdadera conversión a la “verdad” (una palabra que va de la mano con la “caridad”, n. 184). Este reclamo no se dirige tanto - o no solamente - a los miembros de las religiones,  que son más dados a la fraternidad, por el hecho de tener un origen divino en común. También va dirigido al mundo de la economía, que vive de la dictadura de un mercado carente de ética (n. 109); a la política, que se ahoga en el “nominalismo declaracionista” (n. 188); a los “países fuertes” que con violencia despojan de su cultura a los países pobres (n. 51). En el texto se condena el “populismo”, tan de moda hoy en día  (nn. 155 y subsig.); pero también el “relativismo”, tan apreciado por lo “políticamente correcto” (nn. 206 y subsiguientes).

Francisco expresa con urgencia este reclamo, ya que “la tercera guerra mundial por partes”, a la que suele referirse, se está difundiendo cada vez más, involucrado a un creciente número de países: “En nuestro mundo – dice - ya no hay sólo  “pedazos” de guerra en un país o en otro, sino que se vive una “guerra mundial a pedazos”,  porque los destinos de los países están fuertemente conectados entre ellos en el escenario mundial” (n. 259).

Otro elemento que denota la urgencia es que las ideologías – y quienes las orquestan - han perdido “todo pudor”, desencadenando opresiones, invasiones, violaciones de los derechos humanos de una forma descarada: “Lo que hasta hace pocos años  no podía ser dicho por alguien sin el riesgo de perder el respeto de todo el mundo, hoy puede  ser expresado con toda crudeza, aún por algunas autoridades políticas, y permanecer impune” (n. 45).

El “sueño” de papa Francisco lleva a sugerir que los derechos humanos son realmente universales (206-segg), y que todo hombre pueda vivir en un mundo sin fronteras (n. 124). También se pide una reforma de la ONU, para que las naciones pobres estén en pie de igualdad con las demás (n. 173); la condonación de la deuda externa de los países más pobres (n. 126); una fortalecimiento del destino universal de la propiedad privada (n. 123); y el fin del comercio de las armas, sobre todo de aquellas nucleares (n. 262). Todo esto tiene su fundamento en el compromiso de la comunidad internacional, pero debe ser preparado y amplificado por el compromiso personal y grupal en favor de una cultura de diálogo y de la paz, que debe ser construida de forma artesanal (n. 217).  Y más…