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Basílica - Parroquia
Nuestra Señora de Atocha

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XXIII Domingo de T.O.

5 de Septiembre de 2020

 

XXIII DOMINGO TO. Ciclo A

6 de septiembre de 2020

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos,
y todo lo que desatéis en la tierra
quedará desatado en los cielos.
Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»

Salmo responsorial:
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Comentario a la Palabra

La fraternidad en la base de la vida cristiana

Desde los orígenes, con Caín y Abel la fraternidad es una preocupación de la Palabra. La despreocupación por el otro, la falta de solidaridad, el entender la vida en soledad es no haber captado que no se puede ser feliz solo. Somos capaces de juzgar a todo el mundo y ver sus males y e identificar a “los malos”, pero nos cuesta meternos en el rio de la vida, prefiriendo sentarnos en la orilla, ver pasar las aguas turbulentas, pero vivir incontaminados y que nadie nos toque.

Jesús, lejos de alejarnos de la comunidad o permanecer pasivos y críticos, nos atrae a la reunión y unificación; quiere restablecer relaciones hasta con los más débiles y pecadores, sin culpabilizarles, sino ayudándoles y aceptándoles como víctimas de tantas situaciones que no pueden controlar. Nadie se debe quedar excluido de la comunión con él, ni de la escucha de su evangelio que forma y reforma la comunidad.

Salvar al hermano y proteger la comunidad

Ezequiel tiene el encargo de Yahvé de ser “atalaya del pueblo. Esta función consiste en cargar con las debilidades del pueblo y desenmascarar todo tipo de insolidaridades, despreocupaciones por el otro al estilo de Caín o egoísmos que destruyen al pueblo. Es el salvar al hermano del que habla el evangelio, ya que somos una familia, donde la corrección fraterna, más que una estrategia o pedagogía es una espiritualidad, un don del Espíritu para construir y alentar a la comunidad.

Escuchar a Jesús es la clave.

Una iglesia verdaderamente reunida

Venir a la iglesia a encontrarnos con la comunidad de Jesús: escuchar su mensaje, recordarle, entender mejor su espíritu, alimentar y repensar constantemente nuestra fe da sentido a cualquier reunión, independiente-mente de la distancia que podemos ver en la práctica y vitalidad en relación con Jesús.

No nos quedamos en lo que nos hace sufrir o nos falta, de brazos caídos, sino en las posibilidades creativas que nos da el encuentro verdadero con Jesús.

De hecho, es el encuentro con el evangelio en comunidad, sin poner coto a sus múltiples formas y no focalizándolo solo en los sacramentos, lo que nos ayuda a entender que no basta, ni es lo primero, aceptar una serie de doctrinas y unas prácticas religiosas. Es la adhesión, en comunidad a Jesús encontrándole cercano y compasivo donde podemos actualizar y recrear la verdadera iglesia. Esta es la iglesia reunida en su nombre.

Como cristianos y oyentes de la Palabra, este domingo nos preguntarnos por nuestras “reuniones” en el nombre de Jesús. La comunidad de Jesús será lo que seamos nosotros. Si tenemos capacidad de repensar nuestra vida a la luz del evangelio y creernos que juntos podemos ser mejores estamos haciendo camino como seguidores de Jesús. Preguntémonos: si trasmitimos resultados evangélicos ante los indiferentes, descreídos o aquellos que han abandonado la comunidad de Jesús; si nuestra madurez de acogida, corrección fraterna y acompañamiento de los débiles y necesitados es real  de cara a construir la comunidad; si el miedo nos paraliza y sigue atando al pasado y sus pesadas cargas, renunciando a la creatividad y frescura del evangelio; si la alegría y la esperanza anidan en nosotros, aunque seamos minoría, creyéndonos sal y levadura capaz de fermentar la masa social.

 
Fray Pedro Juan Alonso O.P.
Convento del Santísimo Rosario (Madrid)
www.dominicos.org/predicacion

Reflexión

Esta reflexión venía en el Taco Mensajero para el pasado 25 de agosto.
Muy acertada en los tiempos que estamos viviendo:

NUNCA COMO HOY

El mejor momento es ahora. A menudo estamos aguardando a que llegue un momento propicio, a que ocurra una situación determinada, a que se den unas condiciones favorables y, entonces, nos hacemos la ilusión de que el camino se volverá más llevadero: esperamos a aprobar unas oposiciones para empezar a tener más vida social; esperamos a conseguir un ascenso para viajar al extranjero...

Entonces, nos imaginamos que podríamos ser «más» felices. Pero ¿qué hay debajo de esas ilusiones? Si de lo que se trata es de buscar un escenario más agradable para nuestra vida familiar, ¿no podríamos empezar a vivir esos mismos valores ahora  mismo, aun teniendo que estudiar varias horas diarias o debiendo limitar los viajes al pueblo de los abuelos?

El mejor momento para vivir plenamente es ahora. Solo tenemos un tiempo, una vida, para llevar adelante nuestro camino y no tendremos una segunda oportunidad para lo que no hayamos hecho. Si somos lo suficientemente razonables para        entender la necesidad de cuidar nuestro cuerpo, que es el único que tenemos,
¿por qué no vamos a entender también la necesidad de cuidar nuestro tiempo,
que es el único con el que contamos?

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El Papa Francisco nos recuerda que del 1 de septiembre al 4 de octubre se celebrará el “Jubileo de la Tierra”, que comenzó con el Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación el pasado día 1.

ORACIÓN POR NUESTRA TIERRA

Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas. Tú que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza.

Inúndanos de paz para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.

Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados
y olvidados de esta tierra, que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas, para que seamos protectores
del mundo y no depredadores,
para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción.

Toca los corazones de los que buscan solo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.

Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.

Gracias porque estás con nosotros todos los días.

Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz.

Laudato si’ (n. 246)

 

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