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Basílica - Parroquia
Nuestra Señora de Atocha


Solemnidad de la Santísima Trinidad

29 de Mayo de 2021

 

Jesús les dijo:

«Se me ha dado pleno poder
en el cielo y en la tierra.

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo»

 

Salmo responsorial:

Dichoso el pueblo que el Señor
se escogió como heredad

 Comentario a la Palabra

Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos

Si tuviésemos que resumir el mensaje del Antiguo Testamento en una sola afirmación, podríamos decir que consiste en el permanente empeño de Dios en manifestar su cercanía al pueblo. Desde el inicio de la Escritura se nos presenta a Dios en diálogo con el hombre  y con su pueblo. Somos parte de esta herencia y llamada a ser en relación. Conviene recordarlo, pasarlo por el corazón. Necesitamos cultivo y cuidado expreso de la profundidad del ser  que confiere sentido a la vida, pulso a la realidad, quicio a lo afectivo. La iniciativa de Dios Padre es el origen que nos capacita para ser originales, la fuente que sacia nuestra sed y torna transparente la soledad.

Ese Espíritu y nuestro espíritu

Lo contrapuesto al amor no es el pecado sino el temor que nos induce a la desconfianza de la que brota todo lo oscuro. Nuestra fe no consiste en una confesión doctrinal impecable en un solo Dios,  sino en una confianza insobornable en un Dios único, personal, entrañable y universal. La vivencia de él y la convivencia con él nos tornan encarnación, hijos del Dios vivo que nos vivifica, iguala y hace responsables unos de otros. El fuego del Espíritu diluye todo cuanto opaca la imagen de Dios en nosotros y estrecha el vínculo que nos permite reconocernos hermanos.

Los once discípulos se fueron a Galilea

El grupo de los discípulos regresan  a Galilea, al nuevo comienzo que no olvida  la pequeña semilla del principio. Ya no están dispersos, todos son  convocados al anuncio, a la seducción por contagio. Es la palabra como espada, la presencia viva de Jesús y un proyecto compartido lo que les cohesiona, impulsa y renueva. Han renacido siendo los mismos, el evangelio no esconde sus dudas y esto nos anima en medio de las nuestras.

El camino del discípulo, de toda comunidad, es un proceso atravesado  por la gratuidad del amor de Dios; que nos devuelve a la historia, conscientes por igual, tanto de los límites como de las posibilidades. En la fidelidad de Cristo anclamos la intensa convicción de que nuestra plenitud es ya una realidad germinal y que la alegría   del Reino se  fragua en  un banquete donde hay puesto para todos.

En este día Pro Orantibus hacemos memoria de los monjes y monjas que son atraídos por un estilo de vida contemplativo. Todos somos convocados a vivir de modo explícito, nuestra condición de templos, a conciliar lo cotidiano con el silencio que restaura y la serenidad que sana. Dichoso quien se expone a padecer el vértigo de soltar los esquemas que reducen el crecimiento, la creatividad y la comunión.

 

“Oh tú, que has puesto tu morada

en lo profundo de mi ser,

yo quiero ir hacia ti,

en lo profundo de mi ser” 

 

Sor Miria de Jesús Gómez O.P.

Monasterio Santísima Trinidad (Orihuela)

www.dominicos.org/predicacion

El Evangelio de hoy, en verso, sonaría así:

En esta fiesta solemne
adoramos en silencio,
al Padre, al Hijo, al Espíritu,
Dios Trinidad, Dios “misterio”.

Creemos que Dios es PADRE.
Creador de tierra y cielo,
origen primero, centro
y meta del Universo.

Confesamos que Dios Padre
envió a su HIJO Unigénito.
encarnado en Jesucristo,
nuestro Pastor y Maestro.
Con la fuerza del ESPIRITU
nos anunció el Evangelio:
Dios es Padre. Todos somos
sus hijos, sus herederos.

Bautizados en su nombre,
sale Dios a nuestro encuentro,
como Padre, Hermano, Amigo,
abrazo, caricia y beso.

Dios estará con nosotros
hasta el final de los tiempos.
Con su presencia vivimos
con gran paz, sin ningún miedo
Dios Padre, te bendecimos.

Hijo de Dios, te queremos.

Espíritu Santo, gracias
por brindarnos tu consuelo

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)