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Basílica - Parroquia
Nuestra Señora de Atocha


Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo

5 de Junio de 2021

 

Tomó pan y, pronunciando la bendición,
lo partió y se lo dio diciendo:

«Tomad, esto es mi cuerpo.»

Después, tomó el cáliz,
pronunció la acción de gracias,
se lo dio y todos bebieron. Y les dijo:

«Esta es mi sangre de la alianza,
que es derramada por muchos.
En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios»

Salmo responsorial:

Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor

Comentario a la Palabra

Nueva Alianza

En el Antiguo Testamento, la relación de Dios con su pueblo se expresa en términos de Alianza. En el relato del Éxodo, que nos narra la primera lectura, Moisés da a conocer las palabras y mandatos del Señor y el pueblo responde contundentemente: “Haremos todo lo que manda el Señor…y lo obedeceremos”. Así, Israel muestra su compromiso de vivir en la Alianza que el Señor le propone. Para ratificarla Moisés utiliza la sangre, símbolo de la vida, pues la Alianza compromete la vida, y derrama una parte sobre el altar, que simboliza a Dios, y con la otra  rocía al pueblo. Esta alianza prefigura la Alianza Nueva y definitiva que se habría de establecer en la Sangre de Jesucristo: su vida entregada por amor. La Eucaristía es memorial de esta Nueva Alianza que funda una nueva comunión con Dios, gracias a la Sangre de Aquél que borra el pecado, es decir, elimina todo lo que impide vivir en la alianza plena con Dios.

Acción de Gracias

El Salmo Responsorial, orado desde el Nuevo Testamento, es una invitación a la acción de gracias por la salvación. Dios, a través de su Hijo, ha roto nuestras cadenas. En la Eucaristía alzamos la Copa de Cristo, invocando el Nombre del Dios misericordioso que nos salva por el misterio pascual de su Hijo. La Eucaristía es así una solemne acción de gracias.

Sacrificio

El autor de la carta a los Hebreos, comparando el sacrificio de Jesús con los sacrificios antiguos del Templo ya caducos, incide en el valor eterno, purificador y salvador de la Sangre de Cristo. La Eucaristía es el sacramento del sacrificio de Jesús, de la ofrenda de su vida por amor hecha una sola vez y para siempre. La Eucaristía, al actualizar esta ofrenda del Señor, nos invita a tomar parte en la misma. Compartir el cáliz del Señor es estar dispuestos a correr su misma suerte: dar la vida para ganarla de verdad.

Don y presencia

El relato de la institución de la Eucaristía, que nos narra el evangelista San Marcos, nos llena de un sentimiento profundo de admiración y adoración. En esa Última Cena, Jesús se ofrece como Don para el mundo: Cuerpo entregado y Sangre derramada. Don de sí mismo y presencia permanente de Jesús a través de la ofrenda eucarística. La Eucaristía no es metáfora sino realidad auténtica: un pan que es Cuerpo de Cristo, un vino que es Sangre de Cristo derramada por todos; Vino Nuevo que nos emplaza al Reino de Dios en su plena realización. Alimento de vida, por tanto, para el presente que anuncia el futuro victorioso de la humanidad, el mundo y la historia.

Fray Juan Carlos González del Cerro  O.P.

Real Convento de Santo Domingo (Jerez de la Frontera)

www.dominicos.org/predicacion

Día de la Caridad: “Pan partido alimento de fraternidad”

Cáritas Diocesana de Madrid celebra la festividad del Corpus Christi, Día de Caridad bajo el lema “Pan partido, alimento de fraternidad”. El próximo 3 de junio en la calle y el 6 de junio en las parroquias queremos invitar a la comunidad cristiana a comprometerse, en estos momentos difíciles que estamos pasando, por los más necesitados.

No hay caridad de espaldas al sufrimiento humano. Los pobres son carne de Cristo. Por eso, en la Iglesia, solo la Eucaristía lleva a los cristianos a la más radical y purificada forma de “fe que actúa por la caridad” (Gal 5,6).

Corpus Christi. Jesús Eucaristía. Por eso, el jueves 3 de junio las personas de Cáritas salimos a la calle en una jornada de cuestación. Jesús alimenta nuestro torpe caminar. Lo celebraremos el domingo 6 de junio con toda solemnidad. No es para menos. Él nos ayuda a volver al amor primero, al evangelio sin glosa.

En Cáritas Diocesana no queremos que nadie se quede sin lo que necesite. No consentiremos que nadie se vea privado de derechos porque dejemos de alzar la voz cuando sea preciso. Pero nadie debe quedar sin experimentar que nuestra mejor oferta, como la de Pedro al paralítico de la Puerta Hermosa de Jerusalén (Hch 3,1 ss.) es la del Resucitado que mueve nuestra vida, caldea nuestra existencia y dota de un misterioso sentido incluso los fracasos, debilidades e impotencias.

Tenemos mucho por delante. Lo mejor es nuestra gente y su entusiasmo incansable. Cuando contamos con comunidades cristianas, aunque sean muy modestas, pero con vida sacramental y evangélica rica, sea en grandes ciudades o pueblos chicos, con curas inasequibles al desaliento, encantados de patear las calles, visitar a los enfermos, acudir a las casas, querer y dejarse querer por toda su gente y tratar con todos los pelajes de personas, fomentando un laicado comprometido y corresponsable, abiertos a colaborar con los demás, evitando la autosuficiencia, entonces, por gracia de Dios, se producen auténticos milagros. Celebremos este Día de Caridad y seamos signo de solidaridad y amor.

Para más información: www.caritasmadrid.org