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Basílica - Parroquia
Nuestra Señora de Atocha

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XXVI Domingo de T.O.

26 de Septiembre de 2020

 

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

 Salmo responsorial:
Recuerda, Señor, tu ternura

Comentario a la Palabra

Vemos cómo Jesús sigue respondiendo a las críticas y acusaciones de los que se sienten defensores, o incluso, amos de la ley de Dios. El Señor no rehúye el debate, pero se nota que, cada vez, es más violento, por una parte, y más claro y directo por parte de Jesús.

Los adversarios de Jesús no están dispuestos a que nadie les “cambie” la ley a la que se han acomodado. Jesús, que ha venido para dar plenitud a la ley y, como Juan Bautista, a enseñar el camino de la justicia, les reprende con dureza tratándoles de hipócritas, de los que dicen cumplir-“voy Señor” pero no van-. En cambio, los que, habiendo dicho, incluso de forma grosera y descarada, que no quieren saber nada de Dios ni de su justicia, se han acogido, más tarde, a su misericordia, son alabados por Jesús: “os llevan la delantera en el Reino de Dios”.

Llevar la delantera es tener ventaja en la carrera. ¿Qué ventaja es la que tienen “los publicanos y las prostitutas”? Simplemente, que lo saben, que lo reconocen, que pueden creer y convertirse, y llegar victoriosos a la meta. “Vino Juan, enseñando el camino de la justicia, y le creyeron”. ¿Cuál es la desventaja de los hipócritas? Que se sienten justificados y no creerán en más Justicia que en la que a ellos les convenga. “Vino Juan, y no le creísteis”. Son como la liebre en la fábula de Esopo.

El camino de la justicia es cumplir la voluntad de Dios. Lo justo es ser fieles a Dios. Es hacer lo que Dios quiere no diciendo “Señor, Señor”, sino con obras de amor. Que fácil resulta pensar y permitirse ensoñaciones, e incluso, decir y razonar lo que se debe hacer; pero de ahí a hacer, a ponerlo por obra, hay un paso que no todos damos las más de las veces.

El Señor, una vez más, golpea sutil y tiernamente nuestra conciencia para que nuestra relación con Dios Padre sea íntima, es decir, que acojamos su voluntad de corazón. Él conoce nuestra debilidad, sabe de qué masa estamos hechos. No pretendamos engañarle. Procedamos con humildad.

La Palabra de Dios, por medio del profeta Ezequiel, nos muestra la tozudez de nuestro comportamiento: “Insistís: no es justo el proceder del Señor”. Nos invita a mirar con detenimiento, con calma y serenidad nuestras intenciones, la verdad o las falsedades que podamos esconder, casi sin darnos cuenta, para recapacitar a tiempo y vivir.

Y, dejar vivir. Es lo que parece decirnos San Pablo en su carta a los filipenses. “Manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.” “Buscad todos el interés de los demás.” El camino cristiano es comunitario. No podemos buscar la propia santificación sin preocuparnos de la de los demás. Teniendo los mismos sentimientos de Cristo, que se compadecía, tanto a la hora de dar alimento, como de perdonar los pecados.

Un buen ejercicio para meditar la Palabra que hoy hemos recibido puede ser la lectura orante del salmo que la liturgia nos propone como respuesta. Atrevámonos a recordarle al Señor su ternura y su misericordia. ¡A ver qué nos dice a cada uno!

Amadeo Romá Bo, OP
Fraternidad Sacerdotal de Santo Domingo
www.dominicos.org/predicacion